Supongo que siempre hay un momento de tu vida en el que te sientes totalmente sola. Esos días en los que estás rodeada de gente y aún así te parece que estés encerrada, que no tengas a nadie a tu lado. Parece muy desagradecido pensar eso cuando tienes amigos y familia que te apoyan, que están a tu lado... Pero hay veces en que no pueden darte lo que necesitas y que lo que realmente te hace falta es un simple abrazo.
Es entonces cuando te acuerdas de esa persona que te conoce más que nadie, que se ha pasado toda su vida a tu lado, que sabes que siempre va a estar contigo.
El problema viene cuando te das cuenta de que tenéis vidas completamente diferentes, que cada una ha echado raíces en un lugar, que cada una tiene una vida independiente de la otra. Cuando estáis un tiempo, que te ha parecido una eternidad, sin saber la una de la otra, cuando sabes que le importas pero no lo sientes porque la necesitas y no está. Porque lo que realmente te haría estar bien sería volver a pasar esas tardes haciendo las payasas, viendo pelis y hablando hasta altas horas de la noche, haciendo vídeos, riéndonos como dos niñas, llorando como dos tontas...
El consuelo que me queda es que confío en ti como en nadie y sé que después de todo lo que me has aguantado y todo lo que hemos pasado, volverán días como estos:
Hay personas en esta vida que no se olvidan, recuerdos que siempre tendrás en tu corazón porque los has vivido con una persona muy importante.
Parece mentira pero han pasado ya más de dos años desde que nos conocimos. El 19 de diciembre de 2009. Nunca olvidaré ese día, igual que nunca olvidaré nuestra historia.
Recuerdo que para nada me esperaba lo que pasaría aquel día. Yo simplemente iba con mis amigos a conocer a gente nueva y a pasármelo bien, y allí estabas tú, sentada en esa mesa, ni siquiera me fijé en ti. Cuando ya llevábamos un rato en aquella casa te acercaste donde nosotros estábamos para conocernos mejor, nos pusimos a beber y a hablar, estabas cerca mía, aunque hablábamos todos, parecía que tu mirada se centraba en mí.
Luego nos fuimos a la discoteca, aunque al parecer vosotros os ibais a otro sitio y no volvería a verte, la verdad es que en ese momento no me preocupaba mucho. Sólo pensaba en pasármelo bien. Llegamos a la discoteca y a la hora o así allí estabas con los demás. Empezamos a bailar, jugamos a pasarnos el hielo, miradas cómplices... Me gustabas y se lo conté a un bocazas que te lo acabó diciendo. Casi muero de la vergüenza, no querías nada conmigo, ya lo sabía. Pero tú seguías mirándome, no entendía nada. Hasta que te acercaste a mí y me dijiste de ir a los sofás. Me temblaba todo. Allí nos sentamos, no parabas de hablar, contándome que tenías novia, que vivías con ella, pero que no estabais bien, que nunca le habías engañado. No entendía qué tenía qué ver yo en todo eso. No parabas de hablar y de mirarme, sonreías, me mirabas a la boca, hasta que decidiste callarte y besarme. Me besaste y algo explotó dentro de mí. Me encantabas.
Pero no todo podía ser tan bonito, la noche acababa y yo me tenía que ir y sabía que desaparecerías de mi vida tan rápido como habías entrado. Estábamos despidiéndonos, el sueño acababa, pero no me dejaste ir. Me dijiste que para ti había sido importante y que no querías que la cosa se quedará ahí que querías verme al día siguiente. Pensabas que pasaría de ti, me diste tu número, parecías incluso apurada. A las dos horas ya me enviaste un sms para quedar.
Y así fue, quedamos, nos pasamos la tarde hablando, tumbadas y abrazadas, conociéndonos. Y así surgirían muchas noches. Nos pasábamos los días hablando, incluso una vez, estuvimos toda la noche hablando por teléfono cuando al día siguiente habíamos quedado para pasar todo el día juntas. Recuerdo tus palabras al final de la conversación "creo que me estoy enamorando de ti". Mi corazón se aceleraba, mis piernas temblaban cada vez que te veía. Nunca he sentido algo tan sincero, algo tan intenso. Tanto que meses después de que todo terminara, al verte, todo mi cuerpo seguía temblando aún habiendo rehecho mi vida. Supongo que cada persona es diferente y por eso lo que sentimos hacía ellas no es comparable.
Me enamoré de ti más rápido que sube el champán cuando descorchas la botella. Te amé como creo que nunca amaré a nadie porque fuiste mi primer amor, mi primera ilusión, la primera persona que me quiso y me hizo sentir tan especial.
Mi corazón se partió en mil pedazos cuando todo terminó, tanto que con lo poco que duró, pasaría más de medio año hasta que me olvidara de ti. Y aún así, todavía hoy me acuerdo de ti, de nuestra corta pero intensa historia. Realmente, nunca estuvimos juntas, no tuvimos una oportunidad y supongo que también eso es lo que más miedo me da, que no se puede acabar algo que no ha empezado y que cuando te vuelva a ver, mi corazón empezará a latir cada vez más fuerte y todo mi cuerpo temblará como si fuera el primer día.
Quiero irme lejos, muy lejos de aquí, a un lugar dónde nadie me conozca, dónde no existan teléfonos, ni redes sociales, nada... Quiero escapar de aquí, de este torbellino que sólo hace que dar vueltas, quiero cambiar de aires, de cuidad y ¿por qué no? De vida.
Quiero descubrirme, saber qué es lo que quiero, me apetece correr, gritar, que nada esté predefinido. Vivir la vida según surja... No quiero ser un borrego como todos, no quiero hacer lo que hacen todos, quiero ser LIBRE.
Quiero estar sola, quiero encerrarme, quiero DESAPARECER y encontrar lo que busco, a mi.