No recuerdo cuantas veces hablé contigo que nunca me volverían a hacer daño, que nunca volvería a querer, que nunca me volverían a decir que es lo mejor para mi... Es bastante irónico ahora esto. Es muy subrrealista que después de cuatro años en los que has sido mi amor platónico te hallas echo finalmente un hueco dentro de mi.
Aquello que tu llamas error para mi fue un rayo de luz. Ese día, fue el momento en el que dejé totalmente atrás mi pasado, donde me di cuenta lo que significabas para mi, donde vi que daba igual quien se interpusiera porque sólo existías tu.
Un descubrimiento muy peligroso para mi. Una brecha en mi escudo después de todo lo que había costado forjarlo. Preferí centrarme en mi. Sí, lo hice. Ya cometí una vez el error de dejarlo todo por una persona y no estaba dispuesta a volverlo a cometer. Fui egoísta, lo sé. Sin embargo, era algo que podría traer muchas consecuencias, que podría cambiarnos, que podría hacernos daño y perdernos.
Llegué tarde y tú ya habías hecho tu camino. Pero no puedes culparme. De hecho, cuando yo cometí ese error no éramos nada y cuando tú tomaste la tuya sabías lo que sentíamos. Ahí es cuando pienso que muy poco deberías de sentir por mucho que tus palabras digan lo contrario.
Pero luego me miras. Me miras así y se me cae el mundo. Me rompes todos los esquemas. Te acercas y nos abrazamos como si no existiera nada más y todo se derrumba. Mis piernas tiemblan, mi corazón se acelera y cierro los puños con todas mis fuerzas deseando que ese momento no termine nunca. Deseando que no te separes de mi, deseando que me beses, que cierres los ojos y me sientas, deseando ser quien seque tus lágrimas y la culpable de tus sonrisas.
Es triste porque por no querer perdernos ya nos hemos perdido. Aunque lo más triste es que ni siquiera hallamos luchado. Nos hemos perdido sin habernos tenido.
Creo que no te puedes hacer una idea de todo lo que significas para mi ni de lo feliz que podría haberte hecho. Pero sin duda, lo que más me duele de todo esto es que no seas feliz o al menos no de la manera que te mereces.
Nunca podría odiarte así que sólo deseo que seas feliz a tu manera que yo lo seré amando de verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario