Hay personas que no saben lo que quieren y que no tienen un rumbo fijo, que se dejan llevar según lo que la vida les tiene preparado. Luego están las personas como yo. Las que desde que nacimos sabíamos exactamente cómo queríamos ser. Cuáles eran los sueños que queríamos lograr, la vida que queríamos llevar y los objetivos que queríamos cumplir. Independientes y con las cosas claras.
El problema viene cuando maduras. Creces, evolucionas y te conviertes en alguien a quién no reconoces. Alguien que no pega nada con la idea que llevabas de la vida que querías llevar. Porque si. Te has dejado llevar y has dejado que la vida defina cómo eres. Y no. No puedes permitirlo. Nada te puede pisotear. Debes seguir siendo fiel a tus principios, a lo que siempre has querido ser. Nada debe cambiarte en lo esencial, en lo que te define. Ni tu debes permitirlo.
Así que baja de esa noria que no deja de rodar pero sigue sin hacerte feliz. Busca tu propia felicidad, tu propia vida y sobre todo, no te pierdas. Y si te pierdes, que sea por una buena razón y sepas encontrar el camino hacia tu vida.
Nunca olvides quién eres.
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