El amor es algo que no podemos evitar a lo largo de nuestra vida. Está presente desde que nacemos, el amor de unos padres y de una familia que te acoge cuando llegas al mundo, hermanos, abuelos, tíos, primos... Todos te adoran y estás lleno de amor siendo sólo un niño. Conforme crecemos, empezamos a entender otro tipo de amor, ese que queda fuera del núcleo del hogar. Empezamos a construir nuestro propio círculo con nuestros amigos, parejas, compañeros de trabajo... Hasta que al final tenemos hecho nuestro pequeño rincón de personitas que nos quieren y por las que nos sentimos respaldados y felices.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuándo una de esas personas nos hiere? ¿Qué pasa cuando una persona que hemos elegido nos traiciona? De repente, todo se empieza a desmoronar. Todo lo que habíamos construido deja de tener sentido y empezamos a dejar de confiar en las personas. Nos desgarran el corazón como si fuera suyo y tuvieran derecho a llevárselo. Como si esa pieza de tu corazón que le habías entregado a una persona, de repente, quisiera separarse del resto y salir huyendo de ese pequeño órgano que nos permite vivir. Notas que se te encoje el corazón y no hay consuelo para tanto dolor porque querías a esa persona, confiaste en ella, y aún así te hizo daño.
Sin darnos cuenta, empezamos a protegernos. No queremos que nos vuelvan a hacer daño. Así que nos volvemos fríos, desconfiados y ya nadie es capaz de quitarnos esa coraza. Porque cuando nos descuidamos y nos la quitamos, cuando confiamos de verdad en alguien tanto como para darlo todo por esa persona, nos traiciona.
Así pasa la vida, hasta que encuentras un muy muy reducido círculo en el que puedes confiar. Pero, tienes que estar toda la vida averiguándolo. Yo sigo buscando el mío...
No hay comentarios:
Publicar un comentario